Yo tengo un hermano menor al que amo con todo el corazón. Mi hermano quedó apodado como “Toto” porque en mi intento de decirle que haga tu-tu (que se vaya a dormir), le decía to-to.

Toto ya es un hmbre casado y padre de familia, ya no le gusta que le digan “toto” sino que lo llamen por su nombre de pila: Carlos Ernesto.

El amor entre hermanos nos ha mantenido siempre unidos. Vivimos el dolor de la muerte de mi madre los dos junto como familia y de ahí en adelante a pesar de muchos errores, algo que nunca faltó en nuestras vidas fue el cariño mutuo y la aceptación.


No veo a mi hermano hace muchos años pero nunca hemos perdido la comunicación ni el apoyo mutuo.

Hoy que soy madre de dos hijos, reconozco en ellos esa relación de unión intensa y me siento muy feliz de saber que se tienen el uno al otro. De ver como se comprenden, como se quieren y como se aceptan. Son cómplices, amigos y compañeros.

Emir es el hermano perfecto para Ayelén. Es un niño increíblemente noble y maduro. Ella lo busca cuando sabe que nadie más se molestaría en volverse a levantar para servirle un platito de uvas o cuando siente que ya comió mucho y que si nos pide más a nosotros, le diríamos que no. Generalmente él, sin renegar y sin preguntar, le prepara su platito de frutas, le sirve un vasito de leche o le abre un vasito de yogurt. Lo malo es que le puede dar la caja entera de yogurts con tal de verla feliz.

Ella es bastante diferente, ella no le hace favores ni sirve a nadie. A ella le gusta que la consientan y que la atiendan, tanto así que cuando termina de comer siempre le da la basurita a Emir para que vaya a tirarla al basurero. Seguimos trabajando en casa no en Ayelén, sino en enseñarle a Emir que debe dejarla asumir sus responsabilidades.

Aún así, con un hermanito que es realmente un angelito y una hermanita exigente, siguen siendo el complemento perfecto el uno para el otro. Hablan en secreto y se entienden perfectamente. Nunca sabré si usan un código indescifrable para la lógica, pero que definitivamente entiende el corazón.

Como yo crecí sintiendo que un hermano es una parte indispensable en la vida, así mis hijos sienten y disfrutan el uno del otro. Eso me hace feliz porque sé que serán compañeros de vida y que en su condición de vida, nadie mejor que el uno para el otro para entenderse, apoyarse y quererse con ese amor tan sincero “De hermano a hermano”

No sólo Emir y Ayelén son hermanos biológicos con síndrome de Down, conozco más familias que tienen dos y hasta tres hijos con síndrome de Down. Estas son dos amigas a las que quiero y admiro mucho, que viven una experiencia similar a la mía.

Karina Laura “Mama de Luli y Lauty” Ambos tienen síndrome de Down.

karinalaura

Lupita Campuzano “Mama de José Luis, Sahid y Jesús” Los tres tienen síndrome de Down

lupita

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